El qué nos deparará, esa pequeña dosis de electricidad que, en ocasiones, necesitamos sentir para dar el paso adelante, las incertidumbres que nos aguardan a la vuelta de la esquina…. Son demasiados los factores que, a priori, nos invitan a sobrevivir en lo permanente y no dar rienda suelta al espíritu emprendedor que, de alguna manera o de otra, todos llevamos dentro.
La RAE define la acción de emprender como “acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”. Y es que es el miedo, el peligro, la correa que nos apacigua los pasos en vez de impulsarnos a coger velocidad, correr, volar y echarle huevos al asunto. ¿Acaso no es eso más valiente que quedarnos estancados en la misma y temprana alarma de cada mañana, quedarnos un día más parados ante los semáforos en rojo que entorpecen nuestro recorrido?.
No
sé a ti, pero a mí me fascina esa clase de personas que se desatan y arrojan
con fuerza al suelo esa correa llamada miedo, y que les basta con que una
efímera idea pasee por su cabeza para creer que de esa pequeña ilusión brotarán
grandes satisfacciones. Pues bien, en este punto voy a atreverme a
responder a algo que todos nos preguntamos en alguno de esos momentos…cuando nos da por
reflexionar. ¿Cómo me valgo yo de ese optimismo, de la determinación suficiente para dar la espalda a los
prejuicios ajenos?.
Parece difícil, pero lo cierto es que no hay que andar muy lejos para toparnos con la respuesta: este don, al que llamaremos “ser emprendedor”, consiste en asimilar, pero sobre todo en admitir que todos y cada uno de nosotros somos dueños de momentos, gestos, acciones y silencios que nos hacen ser únicos en nuestra especie; admirados y envidiados, queridos u odiados. Pero únicos.
Parece difícil, pero lo cierto es que no hay que andar muy lejos para toparnos con la respuesta: este don, al que llamaremos “ser emprendedor”, consiste en asimilar, pero sobre todo en admitir que todos y cada uno de nosotros somos dueños de momentos, gestos, acciones y silencios que nos hacen ser únicos en nuestra especie; admirados y envidiados, queridos u odiados. Pero únicos.
Por eso, déjame decirte que si HOY empiezas un nuevo camino, si estás decidido a ser tú el dirigente de tus propias intenciones y aspiraciones, “despídete de la pereza, de la negligencia, de la desidia y de la mediocridad”.
Pues digo yo que con algún pequeño pasito habrá que empezar.
Digo yo porque, “por algo los principios… se llaman principios”.